
Un muchacho corre
despavorido mientras traslada cajas misteriosas por los pasillos de un
colorista mercado. Dos campesinos aguardan sentados en una hamaca el
regreso de un hijo combatiente e inmortalizan la espera. Esas son solo
algunas imágenes de una cinematografía que ha abandonado el anonimato en
la última década para convertirse en una de las más prometedoras de
América del Sur.
Paraguay:
un país sin cuota de pantalla para su propia ficción, sin una Ley de
Cine ni fomento estatal, sin una escuela audiovisual pública. ¿Cómo
captar la atención de distribuidores, exhibidores y espectadores
extranjeros? La creatividad se erige en el principal motor, pero también
las coproducciones y los festivales internacionales están siendo buenas
puertas de salida.
La producción paraguaya es bastante reciente. La primera película enteramente nacional se estrenó en 1978 y se tituló Cerro Corá, un relato de aquella Guerra de la Triple Alianza que entre 1864 y 1870 enfrentó a Paraguay con Uruguay, Argentina y Brasil. El filme fue dirigido por Guillermo Vera y financiado por la dictadura de Alfredo Stroessner, la más larga de América Latina. Desde entonces, la actividad cinematográfica se paralizó hasta la llegada del video, ya en los ochenta: ese formato permitió a una nueva camada de realizadores probar suerte con telefilmes, documentales y cortometrajes experimentales.
El impulso creativo
definitivo se remonta a la década pasada. En 2006, Paz Encina,
licenciada en la Universidad del Cine de Buenos Aires, rodó Hamaca paraguaya,
segunda película en 35 milímetros en la filmografía nacional, y se hizo
con el premio de la crítica internacional en la sección "Una cierta
mirada", del Festival de Cannes. "Creo que puso a Paraguay en la mira
internacional, reunió la calidad necesaria para que eso ocurriera y eso
fue lindo", recuerda hoy la realizadora.
Aquel
largometraje abrió las puertas del cine paraguayo a los primeros
festivales Clase A. "Nuestro cine se está moviendo gracias al trabajo de
varias películas que nos dieron más oportunidades de aprender y hacer",
anota el director y productor Osvaldo Ortiz Faiman. A su juicio, el
auge del cine hecho en tierra guaraní ha venido de la mano con el
abaratamiento de la tecnología. "El abaratamiento de ciertas
herramientas y la progresiva mejor organización de nuestra industria han
servido como estímulo y esperanza", manifiesta.
Basta con mencionar el hecho de que 7 cajas,
la película más taquillera del cine paraguayo, fue grabada con una
cámara de fotos de unos modestos 4.000 dólares. "Realmente cinco años
antes era impensable competir en un festival con cine digital", anota el
cineasta Juan Carlos Maneglia. "La accesibilidad tecnológica permite
contar tu historia con buena calidad y pocos elementos. Es lo mismo que
está sucediendo en las filmografías de Venezuela o Ecuador".
Junto a su colega Tana Schémbori, Maneglia filmó la película más popular de la historia en Paraguay. A pocas semanas de su estreno en el país, el 10 de agosto de 2012, este thriller protagonizado por Celso Franco (Víctor) y Lali González (Liz) superó la barrera de las 160.000 butacas vendidas, por encima de las 150.000 entradas que despachó Titanic en 1998. En palabras de su director, el Festival de San Sebastián (donde obtuvo el Premio "Cine en Construcción" de 2011) resultó decisivo para que el filme escalara alto. "España fue un espaldarazo gigante para entrar a un mundo que desconocíamos por completo", revela. La historia del pintoresco carretillero recibiría un torrente de críticas favorables en el Festival de Cine de Toronto de 2012 y volvería a triunfar en San Sebastián con el Premio de la Juventud, esta vez en la categoría Nuevos Directores.
A pesar de la escasa
producción, los actores y actrices paraguayos han ido fortaleciendo su
bagaje. En la primera etapa, las actuaciones apostaban por una tonalidad
neutra y reflejaban poco o nada la idiosincrasia y realidad del país.
Eran los años en que el productor y director argentino Armando Bo
llevaba, junto a la emblemática actriz Isabel Sarli, paisajes naturales
de Paraguay a la pantalla grande.
Los
aires de libertad tras la caída de la dictadura de Stroessner
coincidieron con el auge del video y las primeras producciones de los
noventa, en ocasiones a cargo de realizadores formados en universidades
extranjeras. El interés por descubrir historias paraguayas en el cine se
avivó con el nuevo siglo. Un buen ejemplo fue María Escobar
(2001), de Galia Giménez, basada en una popular canción grabada por los
músicos Óscar Pérez y la Alegre Fórmula Nueva y que convocó a más de
25.000 espectadores. El filme, hablado en español y guaraní, y fue
presentado con subtítulos en inglés en el Festival de Cine Latino de
Chicago 2005.
En
mayo de 2012, el director Gustavo Delgado estrenaba un filme inspirado
en los acontecimientos de 1811 que llevaron a la independencia de
Paraguay de la Corona Española. Se tituló Libertad y vendió 36.808 entradas durante sus 11 semanas de exhibición comercial.
Otra producción que generó expectativas fue Lectura según Justino,
el debut como director de Arnaldo André, un actor paraguayo consagrado
como galán de telenovelas en Argentina. Inspirada en su propia infancia,
la coproducción paraguayo-argentina cuenta la historia de un joven que,
tras perder a su padre, empezó a trabajar como cartero en la ciudad de
San Bernardino. La película convocó a más de 10.700 espectadores.
En octubre de 2014 se estrenó en los cines locales Luna de cigarras, un thriller
escrito y dirigido por Jorge Díaz de Bedoya. Con amplias dosis de humor
negro, la película aborda la historia de un estadounidense (Haase) que
llega a Asunción envuelto en conflictos vinculados al narcotráfico.
28.413 espectadores lo premiaron durante ocho semanas con su paso por
taquilla.
Ese mismo año se estrenó en el Festival de Cine de Asunción la película Latas vacías, de Hérib Godoy, una historia que gira alrededor de un tesoro escondido (la tradicional "plata yvyguy"). Además de convocar a 2.120 aficionados en los cines, fue exhibida en distintos festivales de Argentina, Brasil, Estados Unidos y Canadá. Otros títulos recientes que llegaron a las salas comerciales fueron Fin de la línea (2013), de Gustavo Delgado; el documental Un 'Revolber' en la Chaca (2012), de Luis Aguirre, o Semana capital (2010), de Hugo Cataldo.
"El cine paraguayo evolucionó en poco tiempo a pasos agigantados!", exclama una espontánea Tana Schémbori. "Nos
hemos encontrado en la pantalla y necesitamos vernos. Falta todavía más
profesionalización y que evolucionemos con las historias. Y falta
también que nuestro cine sea industria, que disponga de un marco legal y
fondos específicos", considera la codirectora de 7 cajas, actual presidenta de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas del Paraguay.
La
debilidad proviene de la falta de formalidad en los fondos disponibles y
la necesaria intervención estatal para el desarrollo de una industria. "Las instituciones muchas veces nos representan sin saber casi nada de cómo funciona esta industria"
sostiene Ortiz Faiman, un realizador que aboga por ratificar con
urgencia los convenios iberoamericanos de coproducción para que los
realizadores paraguayos accedan a fondos de otros países.
"Hace tiempo que venimos trabajando en una regulación", atestigua Paz Encina. A su juicio, también sería necesaria la implantación de una Escuela de Cine estatal "que garantizara a cualquiera el mejor acceso al arte audiovisual". En opinión de Marcelo Martinessi, firmante de títulos como Karai norte (2009) y El baldío (2012), "la falta de fondos específicos destinados al cine se suma al vacío legal para el sector y una falta de gestión para la firma de los acuerdos que impulsen la coproducción internacional, un instrumento de gran valor para un país con cine emergente".
El auge del cine
paraguayo hoy busca el refrendo de una tutela jurídica a través de
instituciones que representen y defiendan los derechos de los actores.
Carlos Rojas Ortellado, director general de Inter Artis Paraguay
(IAParaguay, la entidad homóloga de AISGE), destaca que en estos días
también se hallen en proceso de formación sindicatos para defender los
derechos laborales de los intérpretes, al tiempo que se estudia un
proyecto de Ley de Cine. "Es fundamental para sentar las bases de la industria cinematográfica", recalca.
IAParaguay,
presidida por la actriz Alicia Guerra, se propone defender, ejercitar,
gestionar y administrar colectivamente los derechos patrimoniales que el
ordenamiento jurídico atribuya en Paraguay. "El cine es la mejor imagen de nuestro país ante los ojos del mundo, así que debemos ser responsables con este avance cultural",
sentencia. Entre los objetivos más urgentes, Rojas menciona la
implantación del Tratado de Beijing sobre interpretaciones y ejecuciones
audiovisuales, adoptado el 24 de junio de 2012 en la Conferencia
diplomática de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual.
La formación, agrega Rojas Ortellado, es otro objetivo fundamental para su organización. "En este mundo globalizado, con las coproducciones en auge y ante la mirada de cientos de directores, guionistas y productores, los actores deben estar siempre preparados para lo que pueda ser su próximo gran personaje".
Las películas estrenadas en 2015 fueron Mangoré, por amor al cine, una ambiciosa cinta biográfica en la que el mexicano Damián Alcázar (El crimen del padre Amaro)
da vida a Agustín Pío Barrios 'Mangoré', conocido como el compositor de
guitarra clásica más importante de Paraguay. También se estrenó la
ópera prima de Marcelo Torcida, Felices los que lloran,
la historia de un muchacho pudiente que, en su afán por independizarse,
se involucra en el mundo del tráfico de drogas. Más allá de las
pantallas comerciales, el cineasta pretende llevar la película a "la mayor cantidad de gente posible" a través de dispositivos móviles. "No quiero decir que no me interesen los cines, pero el 98 por ciento de la población nunca tuvo una experiencia de cine", argumenta. "Por eso estoy viendo si hay alguna oportunidad de romper ese esquema".
En 2014 se estrenó en Suiza la ópera prima documental de Arami Ullón, El tiempo nublado. Mientras cosecha premios en festivales internacionales, se prevé su estreno local también para agosto. Y entre las cintas en posproducción se encuentran filmes como Chiperita, de Hugo Cataldo Barudi; Gritos del Monday, de Héctor Rodríguez; Angelito, de Miguel Agüero, y Karaoke exquisito, que rubrican al alimón Leticia Coronel, Hugo Cataldo Barudi, Richard Careaga, Martín Crespo, Jerónimo Buman y Luis A. Aguirre.
Con planos fijos y diálogos en off, la película cuenta la historia de Cándida (Georgina Genes) y Ramón (Ramón del Río), quienes aguardan que remita el calor, que llueva o que el inquieto perro deje de ladrar. Pero lo que esperan, en realidad, es que su único hijo vuelva de la guerra desatada entre Paraguay y Bolivia, entre 1931 y 1935. "Siempre que la miro, pienso si no habré llegado con ella al límite de mis capacidades", comenta su realizadora. "Es una película que me alegra haber hecho. Creo que lo que me ha devuelvo fue enorme".
Mientras la Guerra del Chaco llega a su fin, dos extraños se conocen y reviven momentos que ambos intentan olvidar. El cortometraje fue rodado en 16 mm y en blanco y negro. Se trata de una adaptación del cuento de Carlos Villagra Marsal Arribeño del norte, inspirado en una tradición oral paraguaya tras la Guerra Civil de 1947. Con una duración de 20 minutos, contó en los papeles protagonistas con Arturo Fleitas y Lidia Vda. de Cuevas.
A lo largo de sus 93 minutos de duración, esta realizadora paraguaya formada en Cuba y Estados Unidos registra en documental su investigación sobre la misteriosa muerte de su tío, Rodolfo Acosta, un hombre gay que apareció muerto, desnudo, tendido en el suelo. Entre secretos familiares, el filme aborda sobre las temibles listas policiales que, a lo largo de la dictadura de Stroessner, incluían el nombre de 108 homosexuales perseguidos por su condición.
Juan Carlos Maneglia y Tana Schémbori cuentan la historia de Víctor (Celso Franco), un carretillero de 17 años que sueña con ser famoso o con, al menos, comprar un teléfono móvil. Sus escasos ingresos le obligan a aceptar un turbio trabajo: transportar siete cajas cuyo contenido le compromete. Una peligrosa pero apasionante aventura con la que el cine paraguayo por primera vez compitió en la categoría de Mejor película extranjera de habla hispana en la XXVII edición de los Premios Goya. "Yo creo que todo el proceso de 7 Cajas fue un milagro absolutamente inesperado", resume Maneglia.
Un mecánico especialista en electricidad de automóviles y sin formación actoral (Aníbal Ortiz) debuta con un papel protagónico en el cine. La historia trata sobre un tesoro enterrado, codicias y maldiciones desde la ciudad de Coronel Oviedo, en el interior de Paraguay. Escrito y dirigido por Hérib Godoy, el filme evidencia algunas carencias técnicas, pero que se subsanan con un relato intenso y un pintoresco y fluido guaraní.
Este documental coproducido por Paraguay y Suiza presenta temática social y familiar. A partir de las vivencias de la directora con su madre, que padece Parkinson y epilepsia, las imágenes inciden en el cuidado de los ancianos. Según ha dicho la propia Ullón, esta historia invita "a que revisemos individual y colectivamente cómo nos relacionamos con la vejez".

