
Ocho expertos españoles e hispanoamericanos
reunidos por Latin Artis y la Fundación AISGE convirtieron el Centro
Actúa en Madrid en un apasionante foro de debate sobre los nuevos
modelos de televisión que está propiciando la irrupción ya imparable de
plataformas online como Netflix, HBO, Amazon Prime, Apple y otras tantas
más. Moderados por el prestigioso periodista colombiano Juan Carlos
Arciniegas, uno de los rostros más reconocibles de CNN en Español, los
actores, directores, productores, gestores y cazatalentos participantes
expusieron durante dos horas los retos que, en su opinión, representan
estas novedosas producciones audiovisuales. Hubo opiniones y matices
para todos los gustos, pero algunas ideas que se reiteraron con cierta
frecuencia. Sobre todo, la de que estos nuevos gigantes online
multiplican las posibilidades artísticas para los actores y actrices y
–con matices– suponen una ventana esperanzadora de cara a esos
intérpretes que aún no han logrado despuntar en la profesión. Y también,
el atractivo de alcanzar a un público global y la importancia de que
los países de la órbita latinoamericana ofrezcan al mundo historias y
personajes propios.
La sala principal del
Centro Actúa, con capacidad para un centenar de asistentes, se quedó
pequeña la tarde del 20 de julio y los organizadores de Latin Artis y la
Fundación AISGE habilitaron otra estancia de este centro formativo para
que las intervenciones pudieran seguirse por circuito cerrado de
televisión. La Presidente y el Secretario General de Latin Artis junto a
actores y actrices, representantes, escritores, sindicatos de actores o
miembros de entidades iberoamericanas de gestión nutrían las butacas
para no perder detalle de un encuentro titulado Nuevas formas de consumo
y producción de contenidos audiovisuales de ficción. El propio
conductor del debate se encargó de contextualizar la situación. “A día
de hoy, el 83 por ciento de los jóvenes de entre 14 y 19 años prefieren
Internet por encima de cualquier otro entretenimiento. Y, para 2025, más
de la mitad de los usuarios menores de 32 años no consumirán televisión
tradicional”, anotó Juan Carlos Arciniegas, interesado en contrastar
las voces que confían en las plataformas como un revulsivo con aquellas
que las ven con mucho más recelo. “El director colombiano Ciro Guerra,
candidato al Óscar [por El abrazo de la serpiente], me definió estas
plataformas digitales como un cementerio para el cine. Es decir, también
hay voces críticas o escépticas”.
La mujer al frente de la asociación que agrupa a 14 entidades de gestión iberoamericanas destacó que, mientras los canales “eran antes casi los dueños de las vidas y las almas de los actores, ahora se abren para los artistas otras posibilidades de producción y de expresión. Porque los contenidos, siempre, precisan de los talentos”. A este respecto, Silva admitió que ella misma y tantos otros compañeros “hemos sentido durante años en unas y otras telenovelas que nos otorgaban papeles similares, y eso es algo que ya no quieres hacer. Ya no estamos tan encasillados y nos estamos reencontrando con nuestro propio oficio”.
El protagonista de Primos y
uno de los rostros más destacados de Velvet y la venidera Velvet
Colección (Movistar +) defendió la tesis de que las plataformas
constituyen una oportunidad más amplia que la tele convencional para
actores de todo tipo. “En ellas no se necesita tanto tener un nombre o
equis de miles de seguidores en Instagram. Se fijan en el talento, en lo
que puedan aportar los artistas. Son una esperanza para tantos
compañeros que están haciendo teatro en el circuito off a razón de 20
euros al día… o a la semana”. Ello no quiere decir, matizó, que en
España no se hayan producido “series en abierto con mucha calidad”, pero
a su juicio “es evidente que las plataformas arriesgan mucho más y los
artistas padecemos menos presión desde arriba”.
Pese a su postura eminentemente favorable a este nuevo escenario, el madrileño matizó: “No me gustaría que perdiéramos esa experiencia diferente, hoy casi vintage, que es acudir al cine. Igual que el teatro tiene que existir, el cine tampoco se puede perder nunca”.
Las intervenciones que se pudieron escuchar en el Centro Actúa apostaron, en líneas generales, por un moderado optimismo. Pero a lo largo de 110 minutos hubo tiempo para escuchar reivindicaciones, revelaciones, transgresiones, críticas y alabanzas a la industria y muchas cosas más. Agrupamos a continuación lo más interesante de las aportaciones de cada ponente.
El realizador, guionista y
productor de Cali se lamentó de que el cine “está muriendo como
experiencia comunal de reírse y asustarse con otras personas en una sala
oscura y con una pantalla enfrente”, pero matizó: “Seguimos haciendo
películas y lo bueno es que ahora la gente puede educarse en materia
audiovisual mucho mejor que nunca; tener a su disposición, allá donde se
encuentre, el filme que quiera ver”. En ese sentido, las plataformas
digitales le recuerdan “a aquellos locales de alquiler de VHS que
frecuentaba de niño, y que eran los lugares más queridos por mí. Netflix
equivale a eso, al sitio donde encontrar un clásico de Billy Wilder”.
“Hace poco asistí en
Nueva York al pase de una peli de Buster Keaton con piano en directo, y
todos nos revolcábamos de la risa por el suelo. Eso se está perdiendo,
sí, pero a cambio las herramientas de las que yo dispongo como director
de Narcos son mucho más parecidas al lenguaje del cine que al de la
televisión”, prosiguió el también realizador de Satanás, La cara oculta o
Roa. “Siempre se dice que la tele es del productor”, recordó, “pero en
las nuevas plataformas confían más en los actores y directores, y eso se
traduce en productos cada vez menos homogéneos. Esa ha sido mi
experiencia en Narcos: antes, en la tele abierta, te decían a qué
público dirigirte y ahora te dicen que hagas lo que quieras”.
Baiz defendió la
convivencia entre largometrajes para estreno en salas y para plataformas
televisivas sí pronosticó “la muerte de la TV con comerciales, porque
ya nadie querrá que le interrumpan la programación con anuncios de
pañales”. También fue crítico, incluso cáustico, con las redes sociales y
la proliferación de su uso con fines publicitarios o de promoción
personal. “Estoy totalmente en contra. Son una bobada absoluta y no
sirven para nada. Son la ley del embudo, pero a la inversa: metes una
idea y salen mil imbecilidades”. E incluso bromeó, entre las risas de
los asistentes: “Para la cuarta temporada de Narcos solo escogeremos a
actores que no tengan perfil en redes sociales…”.
A juicio de esta polifacética artista dominicana, la clave para todos los integrantes del panorama audiovisual “es entender que ahora tenemos el mundo en nuestras manos”. Según los últimos datos que maneja, los estadounidenses invierten en la actualidad 3,5 horas al día en el manejo de teléfonos móviles o tabletas, “que podemos usar en la bañera, de vacaciones o con la mamá”. Y todo ello revoluciona las relaciones con las productoras. “En la República Dominicana estoy trabajando ahora mismo en una serie sobre Porfirio Rubirosa, el gran gigoló latino”, reveló, “y la hacemos en inglés porque desde Estados Unidos miran hacia las historias nuestras. El mismo éxito de Narcos radica en que transcurre en Colombia, con equipo colombiano, y capta el ambiente y la atmósfera reales”.
La representante de actores
latinos en Estados Unidos pronosticó, de manera taxativa que algunos
otros participantes, la supervivencia del cine en sala grande. “No va a
morir el cine tal y como hasta ahora lo hemos conocido. Será un nicho
especial y a ese respecto estoy muy tranquila. Eso sí: las plataformas
permiten historias más profundas, con más matices y para un público más
maduro, y ese es un escenario muy interesante para los actores. Eso sí:
debemos disponer de leyes específicas y protección autoral para esos
nuevos contenidos”.
“Existe mucha necesidad de nuevos contenidos, de guiones, de una voz propia”, resumió Peña. “Y en Latinoamérica somos diferentes, tenemos historias que contar, personalidades y problemas igualmente propios”.
El intérprete gallego, popular ahora por su participación en Las chicas del cable, certificó que “estas nuevas apuestas de género son muy interesantes desde la perspectiva del actor”. Y avisó: “Hasta ahora, en España necesitábamos productos costumbristas, con temas que incluyesen niños pequeños, tramas adolescentes, padres con algún episodio de infidelidad (por aquello de la autocontemplación burguesa) y personas mayores. Ahora esto ha cambiado y los actores, como piezas de este gran engranaje, no nos sentimos tan limitados temáticamente”.
Aquel joven que se dio a conocer en Mareas vivas y, posteriormente, en El internado o Los girasoles ciegos afiló su sentido crítico en otras direcciones novedosas. “El enemigo real del cine”, sugirió, “es la especulación urbanística en el centro de las ciudades. El problema surge cuando una cadena de electrónica es más rentable que una sala y tú tienes que acabar en el Kinépolis. Y para eso tienes que conducir media hora, como si fuera un viaje de fin de semana, dejar el coche en un parking y meterte en una sala donde la gente, durante la proyección, sigue chateando por whatsapp.
En contraste con ese panorama, Martiño se congratuló de que los nuevos modelos “hagan desaparecer las restricciones geográficas en el mundo latino y propicien, ojalá, una mayor comunidad como comunidad hispanohablante”. “Porque en este sentido”, enfatizó, “hemos fracasado estrepitosamente en comparación con el mundo anglosajón. Hasta ahora solo ha habido flujo de producción, a nivel presupuestario, pero no flujo artístico”.
El ejecutivo defendió el modelo de Movistar +, que llega a 3,8 millones de hogares españoles y se encuentra inmerso en la producción de hasta cuatro series propias de estreno próximo. “Nosotros tenemos 80 canales, transmisiones en directo, TDT en abierto… Porque en una cultura latina, los First dates y similares todavía siguen funcionando. Pero la usabilidad de Netflix es estupenda. En esta nueva etapa hay que enganchar al espectador cambiando el lenguaje de capítulo a capítulo y de temporada a temporada. Sin ir más lejos, Velvet duraba 70 minutos por entrega en la tele convencional y de cara a Velvet colección los hemos pasado a 50, porque 70 ya equivale casi a una película…”. En cualquier caso, para Messina, firme partidario de los nuevos modelos de negocio, queda claro que “las plataformas audiovisuales están aportando ahora mismo lo que las plataformas musicales como Spotify ofrecieron con su implantación: el acceso a un catálogo inmenso y poder verlo cuando y donde quieras”.
El jurista y experto en propiedad intelectual abrió y cerró el encuentro para ofrecer una visión razonablemente esperanzada sobre la realidad que se avecina. “Llevábamos 20 años en que Internet nos ha traído de cabeza, pero lo que era un problema se está convirtiendo ahora en una oportunidad y una solución”. A su juicio, la tele en abierto “quedará para otro tipo de contenidos y espectadores”, pero la irrupción de las plataformas supone una revolución y una transformación para los contenidos “equivalente a la que supuso la irrupción del cine sonoro, en 1929, o de las grandes producciones televisivas”. “El arte sigue consistiendo en transmitir emociones”, enfatizó, “solo que ahora esas emociones se van consumiendo de otra manera. Pero el principio original se mantiene. Nuestro cerebro solo piensa en imágenes y el audiovisual es precisamente eso. Por ello la fuerza comunicativa de la imagen nunca se va a perder”.

