
Los Emmy encumbran cada año a las mejores producciones norteamericanas de televisión durante una ceremonia en la capital de la industria audiovisual: Los Ángeles. Pero también se celebra anualmente la entrega de los Emmy Internacionales, que miran hacia fuera de EEUU con una perspectiva más cultural. Aunque producciones de todo el mundo se disputan las estatuillas, la mayoría suelen recalar en países de Europa o Latinoamérica, como ocurrió en la convocatoria de este año. La gala celebrada en Nueva York el 19 de noviembre arrojó un palmarés en el que la serie española La casa de papel coronaba la categoría de mejor drama. Se trata de un logro histórico para nuestra ficción televisiva, pues constituye el primer título distinguido con un Emmy. Su victoria se suma a las obtenidas en los Premios Fénix iberoamericanos o el Festival de Montecarlo, pero no solo puede presumir de distinciones, pues es la producción en habla no inglesa más vista de Netflix. Y ya se sabe que la plataforma llega a espectadores del planeta entero.
Se puede hablar de noche redonda para la Península Ibérica, pues Portugal entró en el cuadro ganador al imponerse la telenovela Ouro Verde sobre sus competidoras. A lo largo de 2017, sus capítulos siguieron los pasos de un rico empresario brasileño que accedía al consejo de administración de un banco portugués con turbias intenciones, una historia seguida en masa por el público. De hecho, este serial de ambientación actual hizo líder de audiencia a Televisão Independente (TVI) y proporciona ahora a la cadena su segundo Emmy, el tercero ya para el país luso.
Pero en esta edición número 46 de los Emmy Internacionales ha triunfado también la chilena Una historia necesaria, concretamente en el apartado de mejor serie de formato corto. Basada en hechos tan funestos como reales, sigue a diferentes víctimas de la dictadura militar de Pinochet en episodios con una duración de entre cuatro y cinco minutos, emitidos desde finales de 2017 por el Canal 13 Cable.

“Empecé tu búsqueda desde el día siguiente
en que no volviste. Recorrí todas las cárceles, pero no te encontré”.
Con esas palabras arranca el primero de los 16 capítulos de la
propuesta. Corresponden a la desesperada misiva que una mujer llamada
Silvia escribió a su pareja, entre las 3.000 personas ejecutadas o
desaparecidas tras la llegada del militar Augusto Pinochet al poder en
1973. Y en él se mantuvo hasta 1990. Una historia necesaria no solo se
ha basado en la correspondencia o el testimonio de los familiares de las
víctimas, sino en documentos oficiales y en el conocido Informe Rettig,
bautizado en honor al jurista que lo instruyó durante nueve meses y que
buscaba el paradero de los desaparecidos. Firma la serie Hernán
Caffiero, nacido en Santiago de Chile en 1980, en pleno régimen
dictatorial. Ya dirigió dos largometrajes documentales, ambos sobre la
pasión chilena por el fútbol, antes de lanzarse a esta cadena de piezas
breves para televisión. Al Emmy Internacional cosechado en Nueva York,
Caffiero puede agregar las decenas de miles de reproducciones que su
obra ha acumulado en Youtube, donde se ve de principio a fin.
Los relatos reales, narrados mediante voces en off, van alternándose con las recreaciones de los acontecimientos realizadas por Caffiero. En ellas aparecen imágenes de las torturas, los disparos, las cárceles y las tragedias familiares derivadas de ello. “Vienen los milicos”, le avisa una hija a su padre, justo antes de que los soldados de Pinochet se planten ante su puerta. Esta mirada al pasado ha contado también con financiación del Consejo Nacional de Televisión chileno. Cuando comenzó la producción de Una historia necesaria gobernaba en el país la izquierdista Michelle Bachelet, pero hoy el panorama político ha cambiado: la presidencia está en manos de la derecha. El autor dedicó su éxito en los Emmy a los allegados de las víctimas. Por ejemplo, Ana falleció hace apenas tres semanas, mientras la serie caminaba hacia la gloria. Se marchó sin saber qué les había ocurrido a sus parientes durante la dictadura. Caffiero tuvo también palabras para otro tipo de represión, más disimulada y contemporánea, pues días antes de la ceremonia moría abatido a disparos el activista Camilo Catrillanca, quien luchaba a favor de los derechos de una comunidad indígena de Chile: los mapuches. Tenía solo 24 años.

38 tenía el sacerdote español Antonio Llidó, que desapareció al poco tiempo de que el despiadado Pinochet irrumpiera en el poder. A partir de las declaraciones de quienes compartieron tiempo con él en prisión conocemos a alguien que prefirió las torturas —y con certeza, la muerte— a delatar a sus allegados. O los 23 años de Rodolfo González, miembro de la Dirección de Inteligencia Nacional, o la DINA, como se la conoció durante el régimen. González ayudó desde dentro, y como pudo, a quienes indudablemente estaban en el punto de mira de los militares. Hasta que su pista se perdió. A medida que van sucediéndose las entregas de Una historia necesaria, las dramatizaciones se abren camino y las narraciones fuera de cámara pierden peso. Además de las torturas y los asesinatos, las recreaciones permiten intuir la violencia sexual contra las mujeres.
“Hágame un favor. Máteme a mí, pero no a mi niño. A mi niño no, por favor”, implora un padre a unos soldados segundos antes de que estos disparen contra ambos. Y así se refleja en pantalla. Los episodios escogidos por Caffiero, quizá porque reúnen los pasos más sanguinolentos de la dictadura, ocurren en la década de los setenta, semanas o meses después del golpe de Estado contra el gobierno democrático de Salvador Allende. “Solo espero que el tiempo nos dé algo de justicia y llegue a saberse toda la verdad”, pide un familiar. Al acabar cada capítulo se conocen los nombres de las víctimas, pero también de los dirigentes que los represaliaron, así como las laxas condenas a las que estos se enfrentaron con el retorno de la democracia.

Alfredo Castro (Santiago de Chile, 1955) es actor, director de teatro y guionista. Gracias a su labor sobre las tablas posee numerosos galardones de toda Latinoamérica, mientras que ante la cámara fue aclamado por su papel en la cinta de temática LGTB Desde allá (2015). Su intervención en Una historia necesaria no es la única de su carrera que aborda la dictadura de Pinochet. Ya lo hizo en el largometraje Post mortem (2010), gracias al cual recibió menciones tanto en Cuba como en México.
Catalina Saavedra (Valparaíso, 1968) dio la vuelta al mundo con su papel en La nana
(2009). Como protagonista absoluta mostraba la dependencia de las
empleadas domésticas hacia las familias para las que trabajan. Por ese
trabajo obtuvo incluso un premio especial en Sundance, y en España la
reconoció el Festival de Cine Iberoamericano de Huelva. A sus más de 20
películas se suman series, en torno a una decena solo para el Canal 13
Cable, al cual regresó de la mano de esta alabada Una historia necesaria.
Alejandro Goic (Santiago de Chile, 1957) dirige y escribe teatro más allá de su faceta de intérprete. De joven militó en la Juventud Socialista chilena. Su propia experiencia no queda lejos de las retratadas en la serie. Y es que fue torturado e interrogado por el régimen. Por si fuera poco, la casualidad quiso que cumpliera 16 años precisamente aquel 11 de septiembre en que Pinochet perpetró el golpe de Estado. Goic atesora distinciones por su trabajo en cine con filmes como Carne de perro (2013), donde se cambiaba de bando: encarnó ante la cámara a un torturador.

