Madrid, 11 de enero de 2024
De entre todas las tecnologías de última generación, la denominada Inteligencia Artificial (IA) está llamada a producir una transformación disruptiva y extraordinaria de los paradigmas sociales, económicos, jurídicos, éticos, filosóficos, culturales, científicos y tecnológicos como nunca antes se ha constatado en toda la historia de la Humanidad.
Y ese proceso transformador, además de su transversalidad, se está produciendo a un ritmo vertiginoso. A buen seguro, el término IA será el protagonista de 2023 y 2024 en todo el planeta. La preocupación es máxima y universal, pero las soluciones legislativas o prácticas contractuales escasean y se harán esperar para emerger más adelante, tal vez ya obsoletas. Porque el Derecho (la norma o la ley) siempre va por detrás de la realidad al tiempo que la tecnología avanza por delante de la realidad social, de manera que la brecha entre tecnología y legislación es cada vez mayor.
Tanto el Reglamento de la UE sobre IA como otras iniciativas legislativas nacionales recientes afrontan, que no es poco, la protección de los derechos fundamentales de las personas (imagen, intimidad, honor, libertad, igualdad, etc.) ante la irrupción descontrolada de dicha tecnología. La protección de los derechos de autor, el copyright o la propiedad intelectual en general queda relegada a un segundo plano. Entre estas primeras normas que pronto serán promulgadas, el trabajo del actor se protege mediante el principio de transparencia, que exige identificar el origen de los datos que “alimenten” los sistemas de IA y obliga a compensar a los creadores de las obras preexistentes utilizadas. Se trata de un primer dique de contención parcial y limitado, ya que la IA es y será capaz de crear contenidos nuevos sin alimentarse de obras previas, sino tomando la información directamente de la realidad física o virtual.
La capacidad de análisis, gestión de datos y aprendizaje de la IA ofrece al ser humano múltiples ventajas, al erigirse en una herramienta fundamental para la investigación en general, la científica en particular, la generación de contenidos culturales, la gestión de recursos, prestación de servicios o producción de bienes. Desde su condición de herramienta al servicio de los procesos gestionados por seres humanos, la IA será un gran aliado y a buen seguro contribuirá al bienestar y evolución de la humanidad.
Ahora bien: en vista de su capacidad ilimitada, la IA también constituye una amenaza sin precedentes para los derechos fundamentales de las personas naturales, la protección de sus datos personales o los límites éticos, morales y jurídicos que configuran la convivencia del ser humano y los equilibrios de interés necesarios para la vida social. Es decir, la humanidad afronta en estos momentos el reto de superar o no la línea roja que separa la tecnología al servicio del ser humano y la posibilidad de que esa tecnología adquiera tal nivel de autonomía que supere y supla en gran medida los ámbitos propios y exclusivos que el ser humano, con mayor o menor acierto, ha asumido a lo largo de la historia.
Finalmente, un tercer nivel de análisis nos lleva a la denominada IA Generativa (IAG), ese conjunto de sistemas y desarrollos informáticos capaces de generar nuevos contenidos en base al big data preexistente y su capacidad de aprendizaje de las creaciones y atributos (voz, gesto, etcétera) propiamente humanos. Varios de estos sistemas, aún en fase incipiente, ya están en el mercado asombrando a propios y extraños. Estos modelos de IAG son parasitarios y se nutren de obras o contenidos preexistentes, pero siguen evolucionando hacia una autonomía mayor. Algunos de esos sistemas son capaces de redactar una novela, un poema, la letra de una canción o un guion en base a parámetros que les introducen los seres humanos (ChatGPT, Bard, Gemini Jasper, Scalenut, Writessonic, Sudowrite, Content at Scale, Anyword, Wordtune…).
Otros sistemas, con esa misma capacidad evolutiva, traducen textos, sincronizan voces a cualquier idioma (incluso manteniendo el tono, ritmo y acento de la voz original, y hasta sincronizando labios y demás gestos expresivos), cantan con los recursos de voz que se requieran, etcétera (SeamlessM4T, HeyGen, Genny Lovo, Murf, Synthesys, Speechify, WellSaid, Oncelabs, Altered, FineShare, Play.ht, …).
Estos modelos ya están impactando de manera muy negativa en el trabajo del actor de voz o doblaje en cine, series, audiolibros, podcasts, documentales y demás. Además, comienzan a irrumpir sistemas de IAG que configuran y suplantan la imagen de actores y bailarines con avatares autónomos para desarrollar personajes (Metaphysic, DaVinci, Fliki, Elevenlabs.io, ARTA, Imagen, …). Todos esos sistemas de IAG suelen ofrecer una versión limitada y gratuita, y reservan sus potencialidades más profesionales para su uso mediante licencias de pago.
Las huelgas de guionistas y actores en Hollywood de 2023 hicieron saltar las alarmas del sector audiovisual y lograron despertar la inquietud de sus homólogos en todo el mundo. Sin embargo, las soluciones del convenio alcanzado por SAG-AFTRA el 8 de noviembre de 2023 no constituyen un ideal de solución estable, sino temporal; ni completamente satisfactoria, sino solo parcial y muy condicionada a su sistema de residuals combinado con sus derechos fundamentales a la privacidad y a la publicidad (es decir, de imagen), cuyo sentido comercial se enfoca hacia un régimen de autorizaciones de difícil extrapolación al resto de países o industrias audiovisuales.
Tales condicionantes y circunstancias han configurado el ámbito de actuación de AISGE. De un lado, se mantiene en la vanguardia tecnológica y de investigación de nuevas fórmulas jurídicas y tecnológicas para seguir protegiendo el trabajo del actor en el actual y futuro contexto tecnológico. De otro, está desarrollando un trabajo conjunto con asociaciones sindicales, representantes y entidades de gestión a nivel nacional e internacional para hallar soluciones contractuales a las cláusulas abusivas que algunas productoras imponen a los actores.
Finalmente, seguimos muy de cerca las diferentes iniciativas legislativas y proponemos otras que regulen de manera equilibrada la generación de contenidos bajo sistemas de IA y otras tecnologías de última generación. AISGE se empleará a fondo, como siempre, para buscar soluciones justas que protejan el trabajo de nuestro colectivo artístico, pero seamos conscientes de que este reto es de tales dimensiones que será necesario conocerlo, afrontarlo y resolverlo desde todas las instancias políticas, sociales, jurídicas o culturales. Se trata de un reto a la Humanidad, de la que el actor es su espejo y, por tanto, está llamado a seguir ejerciendo un papel relevante. Alea jacta est.
Fuente: AISGE Foto: AISGE

