Madrid, 24 de septiembre de 2026
Hoy en día es indiscutible que el vídeo vertical es el formato audiovisual más consumido. Prueba de ello es que en los últimos meses Netflix, Paramount, HBO Max y Peacock han incorporado en sus aplicaciones para smartphone funcionalidades para visionar vídeos en vertical. Por ello no puede sorprendernos que The Walt Disney Company y TikTok publicaran el 5 de agosto un acuerdo mediante el cual se comprometían al intercambio de contenido en formato corto, presentado por ambas partes como el primero de estas características entre una plataforma o red social y un grupo audiovisual. Lejos de ser solo una alianza comercial, el resultado de esta operación convertirá el fragmento audiovisual en una pieza central de explotación dentro de la plataforma Disney+. Una nueva forma de comunicación pública que, cuando llegue a Europa, deberá encajar con los derechos irrenunciables de los actores.
Para entender este movimiento conviene retroceder a diciembre de 2025, cuando Disney y OpenAI anunciaron un acuerdo millonario para generar vídeos mediante inteligencia artificial a través de Sora. Ese pacto parecía llamado a ser lo que hiciera posible alimentar Verts, la pestaña de vídeos verticales de Disney+, concebida como un canal de desplazamiento continuo con recomendaciones personalizadas, que permite al espectador añadir un título a su lista o saltar directamente a la reproducción completa de la obra. Su despliegue comenzó el 12 de marzo de 2026 en Estados Unidos para usuarios móviles de Disney+, pero el cierre de Sora apenas unas semanas después obligó a Disney a buscar otra fuente de contenido.
En ese contexto, vemos cómo TikTok aparece como el sustituto natural de Sora. La relevancia estratégica del acuerdo se entiende mejor si se miran dos datos de manera conjunta. Por un lado, y según una encuesta de TikTok, casi la mitad de los usuarios consultados vio una serie o película después de descubrirla en vídeos cortos de su plataforma. Por otro, un canal vertical y la posibilidad de hacer el scroll infinito consume material audiovisual a una velocidad que ninguna plataforma convencional podría sostener indefinidamente. Hasta el catálogo propio más extenso tiene un límite.
Disney+ ronda los 130 millones de suscriptores y es el tercer servicio más visto en Estados Unidos, con cerca del 5 por ciento del tiempo de visionado. Sin embargo, al abonado medio no le importa demasiado cambiar de plataforma que tenga un mejor catalogo o una serie de moda, así que no solo se trata de ofrecer un buen catálogo, sino también de retener a los suscriptores. Puede que el vídeo vertical se convierta en la forma de mantenerlos dentro de la aplicación.
Como ya ocurriera con OpenAI, se sabe poco del acuerdo, más allá del compromiso de intercambio de contenido en formato corto y de su presentación como la primera alianza de este tipo entre una plataforma social y un grupo audiovisual. Sí sabemos que los creadores que se adhieran voluntariamente al programa recibirán acceso a una biblioteca audiovisual de Disney integrada por franquicias como Pixar, Marvel o Star Wars, pero solo las mejores creaciones se alojarán simultáneamente en TikTok y en Verts.
Además, el acuerdo se completa con un “Programa de embajadores”, gestionado por ambas empresas y estructurado en varios niveles, mediante el cual se ofrece a los creadores más destacados una mayor visibilidad, el acceso a determinados eventos y oportunidades de desarrollo profesional. De momento no se han hecho públicas las condiciones económicas, el reparto de los posibles ingresos o los planes publicitarios de este nuevo “catálogo vertical”. La diferencia con Sora es que ahora se trata de creadores humanos y no de vídeos generados por inteligencia artificial, aunque ninguna de las dos compañías ha aclarado si Verts admitirá vídeos elaborados con IA generativa, lo que no es precisamente un asunto menor.
6,5 millones de publicaciones al día
TikTok tampoco es un recién llegado a este terreno. Durante 2025 se compartieron una media de 6,5 millones de publicaciones diarias relacionadas con el cine, la televisión o la industria audiovisual, buena parte de ellas con fragmentos protegidos que ya generaban tráfico. De ahí que la operación tenga para TikTok menos de apertura que de regularización de las actividades que bien haciendo. Es decir: el acuerdo otorga una licencia expresa, con selección previa y con materiales suministrados por Disney, de lo que muchas veces se hacía sin permiso alguno.
A partir de ahí, el acuerdo deja de ser solo una operación comercial y pasa a plantear varias relaciones jurídicas distintas.
La primera relación es la que une a Disney con TikTok y regula la puesta a disposición de los materiales, los criterios de selección y el alojamiento cruzado de los vídeos. La segunda vincula al creador con ambas plataformas y se regirá, por lo que parece, por las condiciones generales de TikTok y por los términos de adhesión al programa, que deberá aceptar sin negociación alguna. Los vídeos verticales que se creen en el marco del acuerdo han de ser considerados obras transformadas en el sentido del artículo 21 del texto refundido de la Ley de Propiedad Intelectual (TRLPI), si bien queda pendiente averiguar cómo se monetizarán, más allá de las promesas de visibilidad, desarrollo profesional o invitaciones a eventos.
Aunque el acuerdo se refiera a assets, materiales o recursos, lo cierto es que se trata de escenas en las que está fijada la actuación de actores con derechos propios reconocidos por el ordenamiento jurídico, y ello porque una escena no es un objeto del que un único titular pueda disponer sin consecuencias para terceros.
Conviene dejar apuntada una última cosa. Cuando Verts desembarque en España, el fragmento que un creador recorte, transforme y publique seguirá incorporando la actuación de un actor. Y esta debe ser remunerada por ser un acto de comunicación pública, que lleva aparejado un derecho de remuneración que el artículo 108 TRLPI configura como irrenunciable y de gestión colectiva, y que deberá ser abonado. El pago a los actores y el respeto a su trabajo forman parte del coste del modelo. Ambas circunstancias son pacíficas dentro de nuestras fronteras y no podrán presentarse como un coste imprevisto o como una “factura sobrevenida”.
Marco Antonio Mariscal Moraza
Abogado y Doctor en Derecho.
Profesor de Derecho Civil en la UAH. Director de Transformación Tecnológica en AISGE

