Madrid, 18 de diciembre de 2025
Del último baile del año en la Meca del Cine han aflorado dos parejas de baile cuyas expectativas pudieran afianzarles hasta la estabilidad de las parejas de hecho e incluso hasta el matrimonio civil, a través del correspondiente contrato en el que cada cual volcaría sus aspiraciones y condiciones, con el propósito de potenciar sus respectivos negocios, muy centrados en los nuevos modelos de producción de sueños universales para alegrar la vida del resto de mortales.
En los grandes salones de Hollywood no hay nada que se deje a la improvisación. Detrás de cada movimiento, de cada pareja, subyacen alianzas económicas, filias y fobias, una batalla de poder o una apuesta tecnológica. Al son de la música de la industria de los sueños, muchas parejas se forman por afinidad, pero otras por mera supervivencia e interés.
La primera pareja de baile que acaricia con fundamento y seguridad su potencial relación de conveniencia la integran Disney y OpenAI. Una pareja que nadie esperaba, máxime cuando Disney lleva pleiteando ya un tiempo con las tecnológicas. Pero se dice que los amores reñidos son los más queridos. Aunque ahora sabemos que llevaban coqueteando desde finales del 2024, el acuerdo se anunció el pasado 11 de diciembre. A cuya virtud Disney se convertirá en el principal socio de contenido para SORA (la herramienta de creación de vídeo de OpenAI). Para ello, Disney hará una inversión de capital de 1.000 millones de dólares en OpenAI, con la posibilidad de comprar capital adicional. El acuerdo alcanzado es por tres años, y durante este tiempo los usuarios podrán generar vídeos cortos en SORA usando más de 200 personajes del universo Disney, que incluye Marvel, Pixar y Star Wars.
Es decir, que pronto los usuarios podrán crear cortometrajes con personajes históricos como Mickey Mouse, Ariel, Cenicienta, Simba, Mufasa o cualesquiera otros de Frozen, Inside Out o Toy Story. Como se ha demostrado a lo largo de la historia, Disney no suele improvisar y ha demostrado que sus coreografías están perfectamente medidas y ensayadas hasta la perfección. Este acercamiento a OpenAI es un baile que dará lugar a una intensa relación de pareja de hecho y parcial, si bien aún no alcanzará la categoría matrimonial. El acuerdo excluye el rostro y las voces de sus actores. Podríamos decir que excluye todo lo que no es tecnología. También se restringe el entrenamiento de los modelos de OpenAI con la propiedad intelectual de Disney.
Mediante este importante acuerdo, las partes reafirman un compromiso de uso responsable de la IA que proteja la seguridad de los usuarios y los derechos de los creadores. Juntas, impulsarán una IA centrada en las personas, que respete la industria creativa y abra nuevas posibilidades para contar historias. En virtud de esta nueva relación contractual, Disney se convertirá en uno de los más importantes clientes de OpenAI y usará sus API para la creación de nuevos productos, incluso desplegando ChatGPT para sus empleados. Por lo que se conoce del acuerdo, se trata de una relación abierta, pues parece que el acuerdo de tres años solo incluye uno de exclusividad. Pasado este año, nada impedirá a Disney bailar con otras tecnológicas. Disney lleva el paso y será ella quien decida dónde y cuándo se acaba.
Y la segunda pareja que flirtea con un matrimonio que consolidar en el futuro es la constituida por Netflix y Warner. En este caso, el anuncio de compromiso se hizo el pasado 5 de diciembre, cuando Netflix anunció la adquisición de Warner Bros-Discovery por 82.700 millones de dólares (72.000 millones en valor de capital). Esta operación incluye el estudio cinematográfico y de televisión de Warner Bros-Discovery, así como las plataformas HBO y HBO Max. La transacción no se cerrará hasta el tercer trimestre de 2026, cuando se lleve a cabo la separación de la división de redes globales de Warner Bros (canales de televisión tradicionales, cable, noticias, etc). Esta unión supone uno de los movimientos más importantes en la historia reciente de Hollywood y de EE UU. Netflix es consciente de que dar pasos de baile modernos y rápidos fue lo que le sirvió para afianzarse y abrirse un importante hueco entre los gigantes tradicionales.
Pero hoy en día, con más de 300 millones de suscriptores de pago en más de 190 países, debe aprender otro tipo de coreografías junto a una pareja que le dé poso, archivo y memoria. Y para este propósito sabe que su pareja ha de ser Warner Bros (HBO). Reúne todos los requisitos: carisma, dinero y es de buena familia. O, dicho de otra manera, un pasado imponente que incluye El Mago de Oz, Harry Potter, el universo DC Comics, Los Soprano o Juego de Tronos. La propuesta de matrimonio: 23,25 dólares en efectivo y 4,50 dólares en acciones de Netflix por cada acción. Estas cifras son más una declaración económica que un gesto romántico. Para ello, Netflix ha necesitado obtener un préstamo puente de 59.000 millones. Pero el control de los catálogos significa control del tiempo. Y quien controla el tiempo decide qué se ve, cómo se ve y cuánto vale recordarlo. Lo que realmente está en juego es la distribución de contenidos a nivel mundial mediante el streaming, ámbito en el que ha reinado Netflix a pesar de ser un extraño en Hollywood, ajeno a la industria de la producción audiovisual hasta su desarrollo, pero con una capacidad y flexibilidad tal que le permite adaptarse a los nuevos tiempos tecnológicos con mayor agilidad que los viejos dinosaurios, si ben necesita acaparar los contenidos clásicos y ajenos para construir una oferta atractiva que fidelice su clientela actual y la permita crecer.
La pareja es tan espectacular que ha despertado los celos y los intereses de otros pretendientes como Paramount, que está intentando cortejar a Warner Bros desde hace un tiempo. Incluso le hizo una oferta inicial de 19 dólares por acción antes de que Warner Bros lanzara un proceso formal de venta que atrajo a otros pretendientes. Como se suele decir, la verdad es que Paramount y Warner Bros pegaban mucho como pareja. Podían ser el matrimonio perfecto. Incluso dicen que en esta especie de cortejo y sus destinos ha sido clave la relación de Paramount con la administración Trump. Al gobierno de Trump lo que le interesa de la operación no son tanto los contenidos de Warner (HBO) sino las empresas de comunicación asociadas. Pero entonces llegó la sorpresa. Netflix presentó dos propuestas que lo catapultaron por delante de las ofertas de Paramount. Incluso después de anunciarse el acuerdo con Netflix, Paramount lanzó una nueva oferta (OPA hostil) de 30 dólares por acción, que equivalen a unos 108.400 millones de dólares, pero ha sido rechazada por el Consejo de Administración de Warner Bros, aconsejando a sus accionistas que operen de igual modo, en claro reto a Paramount y al Gobierno USA.
Hasta el mismísimo Donald Trump se muere de ganas por participar en este baile, y máxime desde que se ha sabido que su yerno, Jared Kushner, es uno de los inversores que participa en la OPA de Paramount. En todo caso, parece ser que para bailar a este nivel no basta con ser la mejor oferta o propuesta de matrimonio, sino también el que menos miradas incómodas de los reguladores de competencia atraiga. Pese a la insistencia de Paramount, la pareja principal ya ha comenzado a bailar y parece que pronto contraerán matrimonio, salvo que las autoridades de competencia del Tío Sam lo impidan. Esta unión Netflix-Warner no podría superar el 30% del mercado del streaming y de la cuota de pantalla de TV en EE UU, según la ley antimonopolio de dicho país.
Los expertos consideran que la unión Netflix/Warner no superaría dichos parámetros, por lo que vaticinan un resultado exitoso. Pero la complejidad de los reguladores del mercado en USA ofrecen un panorama más complejo y, sobre todo, lejano hasta poder dar por consolidad esta relación contractual. Desde la perspectiva de los consumidores también tendrá que pronunciarse la Comisión Federal de Comercio. Cuando se apaguen las luces de este baile de Hollywood, y como en todas las historias de amor y de celos, lo decisivo no es cómo se baila delante del público, sino qué se han prometido las parejas para cuando la música deje de sonar. Y aunque la música continúe, el baile de Hollywood ya no será nunca igual.
Lo que estamos presenciando es la redefinición de quién tiene derecho a contar historias, quién posee la memoria colectiva y quién controla las herramientas que darán forma a los relatos futuros. Disney ha demostrado que sabe bailar con la inteligencia artificial sin perder el control creativo. Netflix deja como enseñanza que el futuro del streaming requiere tanto velocidad como profundidad histórica. Y Paramount ha aprendido que, en estos bailes, el tempo es tan importante como la oferta económica.
Terminado el baile, Hollywood se prepara para un 2026 decisivo, en el que estas parejas consolidarán sus relaciones o descubrirán que bailar juntos no garantiza un futuro compartido y veremos si se casaron en gananciales o en separación de bienes. El movimiento se demostrará, finalmente, más que bailando, caminando juntos hacia el futuro.
Abel Martín Villarejo Director General de AISGE.
Profesor de derecho Civil en la Universidad Complutense de Madrid
Fuente: AISGE
Foto: Wikipedia

