Madrid, 2 de julio de 2026
DeepMind, la división de investigación avanzada en inteligencia artificial de Google, acaba de invertir alrededor de 75 millones de dólares en la productora de cine independiente A24. Se trata de la primera vez que Google apuesta por un estudio cinematográfico, y esta participación va acompañada de una alianza de investigación con DeepMind para desarrollar herramientas de inteligencia artificial aplicadas al cine. Por tanto, no estamos ante una operación en la que Google tome el control de la empresa, sino ante una estrategia para entrar en uno de los entornos culturales más influyentes del audiovisual de hoy en día. Hemos de poner de relieve que A24 no es un estudio cualquiera.
En apenas una década ha pasado de ser una productora independiente a convertirse en un referente cultural asociado al cine de autor, al riesgo estético y a una audiencia joven bastante receptiva a la innovación. Por eso, Google apuesta claramente con esta participación por entrar en contacto con la vanguardia creativa.
El acuerdo de colaboración entre Google y A24 se centra en la investigación con el objetivo, según la propia compañía, de “ayudar a los artistas a desarrollar nuevos flujos de trabajo y técnicas” con inteligencia artificial. Hemos de apuntar que el acuerdo no otorga a Google acceso a los datos ni al catálogo de películas y series del estudio, como Marty Supreme, Civil War o la oscarizada Todo a la vez en todas partes. El objetivo va encaminado a que los investigadores de Google DeepMind puedan trabajar directamente con los cineastas y artistas de A24 para, en palabras de las compañías, “diseñar funciones de IA que respalden la narrativa y preserven el control creativo”.
Es más, Demis Hassabis, cofundador y director ejecutivo de DeepMind, indicó: “la mejor manera de desarrollar herramientas que empoderen a los artistas es trabajar directamente con ellos”. Por su parte, A24 aseguró que las nuevas herramientas no se parecerán en nada a la IAGen actual y cómo se interactúa con ella a través de prompts, sino que estarán pensadas para apoyar la toma de decisiones creativas. Recordemos que la operación no es un movimiento aislado y que el resto de las grandes tecnológicas ya han tratado de asomarse a la industria audiovisual. Recordemos el frustrado acuerdo entre Disney y OpenAI, valorado en 1.000 millones de dólares para usar su plataforma de vídeo generativo Sora, así como la adquisición por parte de Netflix, por 600 millones de dólares, de la startup de IA fundada por el actor Ben Affleck.
La entrada de Google en A24 se produce, además, en un momento en el que el clima se percibe cada vez más tenso dentro del sector. Hace apenas unas semanas, Martin Scorsese publicó su colaboración con Black Forest Labs para automatizar sus storyboards mediante inteligencia artificial, un gesto que fue muy criticado por el Sindicato de Directores de Arte de Hollywood (ADG/IATSE), que lo calificó como una traición a la naturaleza colaborativa del cine, máxime cuando estas obras funcionan gracias al entrenamiento llevado a cabo a partir de obras protegidas. Recientemente también se ha hecho público que Amazon ha decidido no estrenar Artificial, el biopic sobre Sam Altman, cofundador de OpenAI. Precisamente, esta cancelación se produce tras una inversión de 50.000 millones de dólares de Amazon en OpenAI. De hecho, la película ya se encontraba en postproducción y ha sido retirada porque, al parecer, retrataba al CEO de una manera poco favorable. Como vemos, tres noticias muy distintas, pero que dejan entrever cómo los intereses tecnológicos empiezan a condicionar qué se rueda, cómo se rueda e, incluso, qué se estrena.
En este entorno, parece que la colaboración entre A24 y Google DeepMind no es un asunto menor. En lo que nos atañe, hemos de poner sobre la mesa que el storyboarding generativo no es una ayuda técnica tan neutra como pudiera parecer, pues puede influir de manera relevante en las decisiones creativas que se adoptan en preproducción y que luego podrían condicionar el casting y el enfoque de la puesta en escena. La automatización de la composición visual o de la geometría de los planos podría operar como un marco de preconfiguración estética que condicione la corporalidad, la fisonomía y el contraste visual de los personajes, y que a la postre pudiera predeterminar el encaje de los actores en la obra.
Como vemos, la industria avanza a un ritmo difícilmente alcanzable para el legislador. La Ley de IA, el Código de Buenas Prácticas y la futura normativa española sobre gobernanza de la inteligencia artificial ponen el acento en la transparencia, la documentación, la supervisión y la gestión de riesgos. Sin embargo, siguen sin abordarse adecuadamente cuestiones vinculadas con la gobernanza cultural, la preservación de los procesos creativos y el equilibrio de poder entre desarrolladores tecnológicos y creadores.
El hecho de que las grandes tecnológicas busquen escenarios reales en los que validar sus herramientas, mientras muchos estudios necesitan nuevas fuentes de financiación y mecanismos que les permitan reducir costes, explica la creciente integración de la IAGen en la producción audiovisual. Por tanto, ahora más que nunca resulta necesario abrir un debate real sobre quién fija los criterios creativos, quién controla los datos y las nuevas herramientas y cómo se reparte el poder entre las grandes tecnológicas, los estudios y los creadores.
Marco Antonio Mariscal Moraza
Abogado y doctor en Derecho. Profesor de Derecho Civil en la UAH
Responsable de Transformación Tecnológica en AISGE
Fuente: AISGE. Imagen generada por IA.

